SPIDERMAN: NO WAY HOME, una experiencia irrepetible / Reflexión CON SPOILERS
Todos los que amamos el cine de superhéroes recordamos cómo fue vivir Vengadores: Endgame el día de su estreno, en aquel abril de 2019 que ahora parece que fue hace una eternidad. Cómo brincamos, lloramos y aplaudimos, la emoción que sentimos al oír al Capi exclamar la icónica frase de los cómics y el silencio absoluto que se desató con el sacrificio de Tony Stark. Pensamos que serían momentos que jamás volverían, que tendríamos que esperar eones a que llegara una producción capaz de hacernos vibrar de semejante manera.
Y, de forma gratamente sorprendente, solo han tardado dos años.
Más que una película, veo Spiderman: No Way Home como un espectáculo. Y no lo digo en el mal sentido, como hiciera Martin Scorsese al comparar el género de superhéroes con atracciones de feria, sino con toda mi buena intención. O sea, es muy difícil que se den las condiciones necesarias para que una obra cale de una manera tan profunda en el público. Han sido necesarias veinte años de construcción de franquicias que ni siquiera tenían relación entre sí, pero que todas convergen en esta película de la manera más satisfactoria, dando a los fans justo lo que querían. Y en ese sentido tal vez hayan abusado un tanto de su poder, pero, en los tiempos de crisis que aún corren, es comprensible que los estudios quieran apostarlo todo a una gran carta. Su mejor carta, de hecho.
Lo cierto es que todavía no encuentro las palabras exactas para definir esta película. Lo normal es que, una vez veo por primera vez alguna de estas producciones que tanto tiempo llevo esperando, haga mi breve crítica en Twitter y no tarde en extenderla en este mismo blog. No ha ocurrido eso con Spiderman: No Way Home, ya que, de alguna manera, aún me tiene desorientado. Es como si no creyera que lo que he visto es cierto, que todas esas escenas que hasta ahora solo había podido soñar han cobrado forma frente a mis ojos y me han dicho: “Estamos aquí para quedarnos”. Cielos, si aún se me saltan las lágrimas al recordar ciertas escenas, o al escuchar la sublime banda sonora de Michael Giacchino, que lleva a otro nivel los temas que ya habíamos escuchado en las dos entregas anteriores del trepamuros.
Spiderman: No Way Home es emoción, es espectáculo, es un sueño hecho realidad veinticuatro veces por segundo. Es la oportunidad de lograr que todos aquellos que llevan años despreciando al Spiderman de Tom Holland aprendan a valorarlo, no por lo que ha sido en esta película sino por el recorrido que ha conducido hasta las decisiones que ha tomado para cerrar su trilogía. Es, además, la oportunidad de demostrar la grandeza general de este personaje: no salvará el mundo como Steve o Tony lo hacían, pero estará siempre ahí para proteger al pueblo. Es el héroe de las calles, el amigo y vecino que todos necesitamos, por eso siempre nos saca una sonrisa al verlo balancearse por los rascacielos y hacer una puntual parada para detener a un ladrón de bolsos o ayudar a una anciana a volver a su hogar. Esta película representa mejor que nunca por qué Tom Holland es más que digno de encarnar a este personaje tan importante para tantos, y por qué lo seguirá siendo durante tantos años.
Pero Spiderman no es solo un chico con inseguridades sociales de Queens al que le picó una araña. Spiderman también es su entorno, su familia y sus amigos, y todos aquellos que están ahí para ayudarlo en sus horas más bajas. Ahí tenemos a la tía May, que cumple su rol más importante hasta ahora en el UCM, y que nos da uno de los momentos más emotivos de toda la saga. Lo mismo puede decirse de MJ, quien, pese a no haber sido de mi agrado hasta ahora, ha conseguido convencerme y demostrarme cuánta química comparte con el Peter Parker de Tom Holland. Incluso Ned tiene sus momentos, a pesar de tener un humor algo tontorrón y excesivo, pero cumple como ese hombro que Spiderman necesita, mil veces representando en diferentes papeles durante tantas adaptaciones.
Pero, a pesar de todo, esta película no habría sido nada sin el factor nostalgia. La campaña de promoción se ha hecho a sí misma, iniciando una debacle de teorías, filtraciones y sobrecargas de páginas como nunca se había visto. Y es que todo el mundo estaba esperando ver converger a las tres generaciones de Hombres Araña, cosa que Sony y Disney no han dudado en ofrecer con múltiples intenciones. O sea, no es solo una estrategia de márketing a otro nivel, la mayor excusa para batir récords de venta de entradas incluso en un momento de reticencia como este, sino que sirve a un propósito narrativo.
El retorno de todos estos villanos es algo prácticamente histórico. Tal vez algunos como Lagarto o Sandman pasen algo desapercibidos, prescindiendo incluso de sus actores corpóreos, pero es increíblemente satisfactorio ver a los otros tres en acción. No hay más que ver a Electro, que hace un estupendo papel que deja en ridículo a aquella lamentable versión que vimos hace años. Pero la guinda del pastel la comparten el Duende Verde y el Doctor Octopus, dos iconos de la villanía en el cine de superhéroes que vuelven a serlo veinte años después. El inmenso talento de Willem Dafoe y Alfred Molina, sumado a un imperceptible rejuvenecimiento facial, vuelve a elevar a ambos a lo más alto del panteón del género. Es un golpe de nostalgia tremendo, que nos demuestra cuán mayores nos estamos haciendo pero que al mismo tiempo nos devuelve esa ilusión que nos hizo vibrar de pequeños. Volver a ver en acción los tentáculos del doctor Otto Octavius o las risas del perverso Norman Osborn al hacer de las suyas son cosas que pensamos que se perderían, que quedarían en la memoria como nada más que un recuerdo, pero que se repiten para emocionarnos como antaño una vez más.
Pero la auténtica guinda del pastel la han representado otros dos, a quienes el público lleva esperando con ansias desde que el rumor se hizo eco en la comunidad. Y mira que se veía venir, que ya no era secreto para nadie y que incluso se habían filtrado varias imágenes que posteriormente se harían oficiales, pero el entusiasmo que generaron fue igualmente rompedor. Solo había visto un cine aplaudir y aullar de emoción con Vengadores: Endgame, pero la cosa volvió a repetirse con la aparición de Andrew Garfield y Tobey Maguire, cada una con su particular explosión de aplausos. Si incluso en mi cine de pueblo ocurrió esto, ¿cómo debió ser en las grandes ciudades? No me imagino la grandeza del espectáculo, pero debe ser algo que quienes lo vivieron no olvidarán jamás.
No sabemos qué repercusiones tendrá esto, si volveremos a ver a estos personajes que tanto representan para tantas personas ni si se cruzarán de nuevo las miradas con nuestro Tom Holland, pero ha sido definitivamente un momento histórico. Es lógico que muchos pensemos aún que esto no ha sido más que un sueño, y que todo el tiempo que hemos estado esperando ha merecido completamente la pena. Desde luego, nunca olvidaremos el rugido general del público al verlos cruzar los portales de Ned Leeds y unirse al Peter Parker de la Tierra 616 en su consuelo antes de la batalla. Podría ser el argumento de cualquier cómic, pero es real. Al fin es real.
Aunque, seamos honestos, nada me ha hecho tanta ilusión como volver a ver a Charlie Cox como el Diablo de la Cocina del Infierno, el icónico Daredevil. Ese momento en el que, tras mencionar varias veces que Peter necesita un abogado, aparece el reconocible bastón delante de la mesa del apartamento de la tía May, pasará a la historia. No tengo palabras para definir cómo estallé en el cine al verlo, aunque no fuimos muchos dado que no tantos hemos visto la serie. Pero quienes lo hemos hecho y la amamos vivimos un momento glorioso, hasta el punto de que ni siquiera escuché qué decía exactamente. Solo podía pensar: “Esto es Real. Ha vuelto”.
Y qué decir del momento “Soy muy buen abogado”. Es legendario.


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