Los tiempos cambian, no hay nada que cuestionar en eso, y con eso lo hace todo cuanto amamos. Ya sea una persona, un animal, un recuerdo o, en este caso, un producto. El tiempo a menudo distorsiona esa memoria, idealizando lo que, de ser visto desde una óptica actual, probablemente defraudaría. Pero la gente desea aferrarse a ese pasado, a lo que fue y no a lo que será, y es el destino quien acaba dándole una lección.
Cuando salió aquel épico primer tráiler de Másters del Universo: Revelación, y a pesar de tener la difícil tarea de tener que continuar algo que forma parte de la infancia de tantas personas, nunca pensé que tendría que empezar así la entrada del artículo que nos ocupa. Porque sí, la serie ha generado con su estreno una enorme polémica en redes sociales, ¿quién lo iba a creer? Ni que fuera una de esas cosas que a veces pasan en Twitter...
¡Yo tengo el poder! ¡El poder de ser un rancio anclado a los años ochenta!
Yo no viví el auge de los Másters del Universo. No vi la serie original en su día, no tuve los muñecos. Es de lógica, pues no había nacido. Como cualquier persona de mi edad, accedí al mundo de Eternia gracias a clásicos vídeos de YouTube como el HEEYA o los doblajes de El Bananero, lo cual es bastante irónico. Pero aun así logré apasionarme por este gran universo repleto de héroes hipermusculados entre lo varonil y lo homoerótico, colores por doquier y... ¿gente rancia incapaz de aceptar los cambios?
Está claro que esta nueva serie, que introduce a tantos nuevos aficionados al universo de los Másters, no es para todos. Parte de lo que se vio en los años ochenta, pero con un tono radicalmente diferente. No hay más que ver la animación, que bebe del anime japonés como tanto le gusta a Netflix (de hecho, ni siquiera parece saber que existen otros tipos de animación), y con un radical cambio en los personajes.
Porque sí, llegamos a la polémica que nos concierne: He-Man no es el protagonista de esta serie, sino Teela. Todos los pósters, tráilers y material promocional de la serie nos daban a entender que el campeón de Eternia perduraría en su papel de héroe principal, qué seguiríamos sus aventuras como antaño, pero la serie da ya en su primer capítulo un giro de trescientos sesenta grados. Es así cuando se gana adeptos y detractores a partes iguales.
Es cierto que He-Man, indiscutible protagonista de la saga, no lo es en esta adaptación. Es en este sentido un cambio arriesgado, trabajado a conciencia y con el propósito de coger a todos desprevenidos. Y lo han logrado, porque han generado una polémica espectacular. Pero ¡qué sorpresa!, pues ninguna de las críticas que he visto hasta ahora de la serie le achacan alguna deficiencia técnica o de guion, sino al hecho de que la serie con la que se criaron esté protagonizada por ¡una mujer! (“¿Es que nadie va a pensar en los niños?”)
Teela se ha convertido en una indiscutible Máster del Universo
Entiendo que esta decisión pueda no ser del agrado de muchos: incluso a mí me resulta extraña. Sin embargo, sí para algo están estos productos es para disfrutar, no para llorar con lo que podrían haber sido, clamando los habituales “han arruinado mi infancia” o “las feminazis están destruyendo la televisión y el cine”. Más allá del giro, la trama está bastante bien ejecutada, resultando fascinante y adictiva por el formato que ofrece la serie. En este sentido, toda queja proviene en este caso de quienes no son capaces de asumir eso mismo: que los tiempos cambian y es inevitable.
Porque sí, la serie tiene corrección política a rachar: no solo el protagonismo de Teela, también la inclusión del personaje de Andra. Pero, desde un punto de vista analítico, no lastra de ninguna forma a la trama, no desvirtúa lo que la serie fue. Tiene todo lo que debería ofrecer un producto de esta categoría: una estética de fantasía clásica, una vasta galería de héroes y villanos, acción a raudales y mil referencias a cómics, figuras y la serie original, así como un inmejorable reparto de voces. La única diferencia es la ausencia de He-Man, aunque su figura y valores están presentes en todo momento. En ese sentido, el campeón de Eternia es el eje central de la trama, aun cuando Teela es quien ocupa la mayoría de escenas.
Siempre en nuestros corazones, Adam
El caso es que esta polémica ha difuminado todo lo demás que concierne a la serie, y parece que no se habla más de Teela y lo políticamente correcto, los bandos de turno y la conflictividad de siempre. No se está hablando de la animación, del ingenio del argumento, del carisma de Mark Hamill dando voz a Skeletor, no. Una vez más solo hay debates insulsos sobre qué es correcto y qué no, sobre por qué “ya no es como era en los años ochenta” y las mismas sandeces de siempre. Si hemos de hablar de una auténtica deficiencia de la serie, ¿por qué no hablar de su excesivamente corta duración? Porque sí, ha sido una espera demasiado larga en comparación a lo rápido que la hemos consumido. El formato que Netflix ofrece no le ha hecho bien alguno en ese sentido, pues se ha consumido como una trepidante película.
Y el caso es que sabe muy a poco, y creo que esta es una de las cosas que ha provocado ese rechazo por parte de tanta gente. La brevedad de los capítulos y de la obra en general provocan que el desarrollo se limite a un puñado de personajes dentro del inmenso elenco que ofrece la serie, limitando a cameos a la mayoría. Por ejemplo, ¿qué decir del héroe aéreo Stratos? Supuestamente sale en la serie, pero ¿alguien lo vio?
Después de todo, la gente quería dos horas y media de esto
Pero, sin duda, creo que Másters del Universo: Revelación es una serie más que decente, que sin ser ninguna obra maestra sabe adaptarse tomando lo mejor de dos tiempos tan opuestos y ofreciendo un producto que no tiene reparo en tomar decisiones arriesgadas. Y el riesgo, cuando se ejecuta con premeditación y efectividad, suele tener buenos resultados.
Lo que nos ha dejado claro su estreno es que hay mucha gente que nunca va a aceptar un cambio, que va a vivir anclada hasta el fin de sus días y protestando por algo que al fin y al cabo no dejan de ser unos dibujos animados. Creo que hay cosas más graves en el mundo por las que quejarse a través de Internet. Así es como espero que nazca una nueva generación de fanáticos de Másters del Universo, que recuerden con nostalgia algún día lo que fueron estos nuevos comienzos (porque vendrán más cosas, eso seguro) y que así podamos ver que no solo dejó conflictividad. Además, ver cómo un buen número de quienes se enamoraron de la serie original en su infancia vuelven a maravillarse con esta nueva interpretación no tiene precio.
Supongo que no todo está tan perdido como parece.
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