Nadie. Satisfacción a golpe de derechazo / Reseña SIN SPOILERS
Ya que no todo es Marvel, DC o Star Wars, venía siendo hora de traer algo diferente. Y qué mejor forma de hacerlo que con una película de estreno, sobre todo después de la grata sorpresa que me he llevado con esta. El cine no está en su mejor momento, la pandemia ha sido demoledora y la ausencia de títulos se ha notado en todos los medios, y que nos lleguen al fin joyas como esta... qué menos que dar las gracias.
Hablo, por supuesto, de Nadie, la nueva propuesta del guionista de John Wick, a la dirección del desconocido Ilya Naishuler y que irrumpe en el género de acción desenfrenada con fuerza. Y es que estas películas nos devuelven al espíritu del cine de acción de los ochenta y noventa, cuando sólo importaban los golpes, la sangre derramada y las frases forzadas pronunciadas justo antes de derrotar al villano. No eran las películas más complejas, ni las mejor elaboradas, pero, en lo referido a la diversión, no tenían parangón.
Nadie es una película que, por su argumento, no sorprenderá a nadie. ¿Cuántas veces habremos visto dentro del género el arquetipo de personaje con un pasado misterioso que, tras una serie de catastróficas desdichas, se ve obligado a volver a cargar las armas? No tenemos que ir muy lejos: lo tenemos en John Wick, película en la que esta se inspira principalmente sin siquiera tratar de esconderlo.
Sin embargo, Nadie brilla con luz propia en muchos aspectos. Es un espectáculo hecho película, donde la acción es contundente y demoledora, de esa que te hace soltar alguna que otra carcajada salvaje. Cada secuencia de acción se asimila a un videoclip sin escrúpulos, donde la utilización de la música es exquisita y la cámara se maneja de forma ingeniosa para sorprender al espectador. No busca revolucionar nada, desde luego, pero sí hacernos sentir cada puñetazo, cada disparo, cada trampa urdida por el protagonista a los malos. Cada golpe se siente, y eso es glorioso.
Pero, primero de todo, hablemos de los personajes. Como protagonista tenemos a Hutch Mansell, un padre de familia hastiado de la rutina que, al recordar su pasado, acaba volviendo al cotarro de los tiros y las puñaladas. Sí, como John Wick, pero sin un perro asesinado de por medio. A Hutch le van más los gatos.
Aun así dista mucho de parecerse al ya mítico personaje de Keanu Reeves, pues se ha ganado un nombre propio y que no dudo que resonará durante años. Lo mismo ocurre con su familia, una serie de personajes algo eclipsados por el protagonismo absoluto de Hutch Mansell pero con sus momentos estelares. Por un lado está el hermano adoptado, que pasa de ser una enigmática voz a través de una radio a un tío implacable y sanguinario, y tampoco podemos olvidar al padre, interpretado por el legendario Doc de Regreso al Futuro. De este no diré nada, prefiero que sorprenda a quien aún no haya visto la película, pero solo diré que no parece que los años hayan pasado por este viejo.
Los Mansell repartiendo estopa
Por otro lado tenemos al villano, el típico capo de la mafia rusa en cuyos planes se inmiscuye el protagonista y al que busca asesinar de todas las formas posibles. No plantea nada nuevo en ese sentido, pero es gracias a este cliché del cine de acción que tenemos grandes momentos de violencia explícita donde prima el derramamiento de fluidos. Toda película de este estilo necesita a un ruso con cara de mala leche, y esta no es menos.
Si hablamos de momentos estelares, hay uno que se debe mencionar sí o sí. Hablo, por supuesto, de la escena del autobús. Quien lo entienda lo entenderá, y quien no ya tarda en verla. Porque se trata de un auténtico despliegue de violencia, un inesperado giro donde cada crujido de huesos y cada astuta técnica para acabar con el rival nos sobrecogen y hacen que deseemos no pestañear para no perdernos nada. Fue esta escena la que, de hecho, me metió de lleno en la historia. Supone un punto de inflexión dentro del argumento y no deja a nadie indiferente, a menos que sea el típico rancio que solo disfruta de filmes de la nouvelle vage mientras se dedica a explicarle a sus tres seguidores en Twitter por qué las películas de Marvel no son cine.
Y es que esta obra desafía a toda esta gente y nos trae de vuelta el cine más divertido y trepidante, donde el entretenimiento es lo primero pero sin perder la calidad. Porque no solo son golpes a diestro y siniestro: la música es estupenda, los diferentes planos son estupendos y la narrativa visual deja en claro que el equipo sabía lo que hacía. Para cualquiera que desee pasar un buen rato y disfrutar de un producto de los que dejan una sonrisa boba en el rostro, Nadie es su película.
La escena del autobús, nada más que añadir
El cine ha vuelto, ya era hora, y yo lo estoy disfrutando como un crío. Si pueden ofrecernos más obras como esta, creaciones libres del imperante movimiento de la adaptación pero distantes del actual elitismo de las películas de acción, creo que muchos, entre los que yo me incluyo, estaremos encantados. Por eso mismo os recomiendo no solo que la veáis sino que habléis de ella, que la recomendéis y concertáis el nombre de Hutch Mansell en algo más que el eco de un donnadie.
Estoy convencido de que este tío podría hacer echar a correr a John Wick en un mal día, así que veamos que sale de aquí. Hasta entonces, todo lo que podemos hacer es esperar a una posible secuela.
Aunque, a este paso, el bueno de Hutch se va a quedar sin criminales y pandilleros rusos a los que partirle la cara.





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