Matadero Cinco de Ryan North y Albert Monteys - La banalidad del tiempo / Reseña SIN SPOILERS

 Llevaba tiempo queriendo hablar de este cómic, aunque no he encontrado la ocasión ideal hasta hoy. Poco se puede decir a estas alturas de una obra que tantos críticos y entendidos del medio han alabado, pero me gustaría dar mi humilde opinión de lo que he experimentado al abrir esta historia y sumirme en sus páginas. No será gran cosa, ni aportará más de lo que ya hay en infinidad de páginas web, blogs y canales de YouTube, pero uno siempre necesita expresar con palabras qué ha conseguido hacerle sentir una obra tan compleja, emotiva y reflexiva.

Matadero Cinco es un cómic guionizado por Ryan North y dibujado por Albert Monteys (un orgullo nacional andante), adaptación fidedigna de la obra homónima del maestro Kurt Vonnegut. Lo que nos presenta la obra es un relato bélico y de ciencia ficción con infinidad de matices, un estudio de la psicología humana aderezado con un curioso humor negro y una interesante reflexión sobre la concepción el tiempo para el ser humano. Esto se plasma a la perfección en las páginas de esta adaptación, por lo que estoy seguro de que el bueno Kurt, si aún viviera, estaría orgulloso.


Solo la edición de Astiberri puede considerarse una obra maestra en sí misma.


Matadero Cinco relata la historia de Billy Pilgrim, un estadounidense mundano que, por avatares del destino, adquiere la capacidad de saltar en el tiempo durante su participación en la Segunda Guerra Mundial. Pero este extraño don tiene una condición: sus viajes temporales lo llevan únicamente a momentos pasados y futuros de su propia vida, sin capacidad de elección. De una u otra manera (Vonnegut no se detiene a dar demasiadas explicaciones, va al grano), el pobre Billy acaba siendo abducido por una raza extraterrestre, los llamados Tralfamadoreanos, unas criaturas de estilo pulp con la capacidad de ver el tiempo en toda su extensión a la vez. Así pues, tras interactuar con ellos y romper las barreras del tiempo (su propio tiempo, si somos exactos) gracias a su don, Billy descubre una nueva forma de comprender la vida humana.

Creo que con esta sinopsis de la obra se entiende bastante bien cuál es el principal mensaje: la banalidad del tiempo. Se nos reitera una y otra vez, a través de las irregulares vivencias de Billy Pilgrim, cómo el ser humano da demasiadas vueltas a las cosas que pasan. Se manejan temas como la memoria, el olvido y el desastre, y cómo estos, en su conjunto, son realmente tan irrelevantes como una brisa. La evolución del protagonista deja clara la tendencia del ser humano a la culpabilidad, la autoindulgencia y el sufrimiento, y cómo estos, vistos desde una perspectiva diferente, más universalista, no significan nada, como una mota en el vasto cosmos. En esto es fundamental el papel de los Tralfamadoreanos, que marcan un antes y un después en la nada lineal vida de Billy Pilgrim.


Estas viñetas (tiempo humano y tiempo Tralfamadoreano) lo dicen todo.


Pero este cómic también contiene una profunda reflexión sobre la psique humana, y es su complejidad, basada en la sátira y la ironía, lo que lo eleva a la categoría de obra maestra, a mi parecer. Los personajes con los que Billy se va encontrando a lo largo de su vida, como el fracasado escritor Kilgore Trout o el sociópata Paul Lazzaro, son el reflejo de una sociedad torturada y descarriada, con un amplio elenco de cínicos secundarios que dan riqueza a la obra. Estos personajes carecen de una gran relevancia en apariencia, pero cada uno marca un antes y un después en la vida del protagonista a su manera. Puede decirse que escapan a los habituales estereotipos de personajes del género, pues rompen con ellos y se proclaman como únicos, con un trasfondo bien fundamentado que North y Monteys manejan a la perfección a pesar de su brevedad. Todos tienen su porqué: Edgar Derby nos demuestra que, por bien que uno trate de hacer las cosas, seguirá siendo susceptible de ser víctima de la crueldad humana. Por otro lado, de forma totalmente contraria, el taimado Lazzaro enseña que incluso el más retorcido puede acabar saliéndose con la suya, ileso, pues no existen cosas como el kharma en un universo de indiferencia cósmica como el nuestro. Valencia y Montana, la esposa y la amante de Billy Pilgrim respectivamente, son reflejos de dos conceptos de amor radicalmente distintos, y el viejo Trout es el paradigma de cómo uno no cae en el olvido mientras una sola persona lo recuerde. Todos tienen su contenido simbólico, aunque supongo que es más profundo de lo que mi limitada comprensión de aficionado puede explicar.


Cuando Monteys se sale, se dice y ya está.


El apartado visual es espectacular, nada tiene que envidiar al narrativo, y de hecho funciona en conjunción con este al servir como hilo conductor de la historia. Albert Monteys no se limita a plasmar un número de viñetas por página sino que experimenta con todo lo que tiene disponible, se sale de las tendencias habituales y experimenta con cada página de una forma cautivadora cuando menos. Además, el efecto que con esto se logra es de orden dentro de caos, con una descomunal cantidad de información que aparece desperdigada a lo largo de toda la obra, como el mismo tiempo según la visión Tralfamadoreana. Desde luego es lo que North y Monteys pretenden, y se va acentuando conforme avanza la obra. Ni siquiera concibes que pueda acabar, tal como el tiempo es eterno y no tiene principio ni fin, y así, metiéndote de lleno en los conceptos que la obra maneja, es como se logra jugar con la intuición del lector.


Los fragmentos de paródicas historias pulp son un regalo visual.


No me quiero alargar mucho más, pues soy consciente de que tal vez esté divagando un poco. Al fin y al cabo esta es mi reseña y mi forma de hacerla, tan enrevesada como la propia historia (y no es intencional), y, aunque habrá cosas que se me escapen, he comentado lo que a mí me resulta más importante acerca del mensaje, la historia y los personajes de esta maravillosa adaptación al cómic de Matadero Cinco, que recomiendo a habituales y extraños leer. Desde luego, no defrauda a nadie.
Y, con la ironía propia del maestro Kurt Vonnegut, he de admitir que, si no se hubieran retrasado los de la mensajería, este hubiera sido para mí el mejor cómic del pasado año 2020. 


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